Cuando los chicos juegan, construyen su mundo

Cuando los- chicos juegan construyen su mundo

Jugar es la actividad central en la vida de los niños. Cuando los chicos juegan, construyen su mundo y se construyen a sí mismos.

La actividad más importante que hacen los niños es sin duda alguna… jugar. Esta valoración del juego infantil es el punto de llegada de una larga historia en la que no era considerado en su vital jerarquía.

En el siglo pasado el niño comienza a ser mirado en su rol activo de procesamiento de los estímulos que le vienen de afuera. El niño deja de ocupar en la mirada del adulto un lugar de pasividad. El niño encuentra en el juego el modo más propio de expresar lo que piensa y siente en el encuentro con el mundo. Es, a su vez, una experiencia que le permite comprender, elaborar situaciones vividas con el mínimo esfuerzo, sin consecuencias en la realidad y con toda la eficacia transformadora en su mundo emocional y cognitivo.

Los niños comienzan a jugar a muy poco tiempo de nacer, en consecuencia, las características del juego infantil irán variando en el largo y complejo transcurso del desarrollo.

El desarrollo infantil es un proceso de cambio que se da de manera gradual y continua a lo largo de la vida del niño. Esto significa que irá atravesando diferentes etapas, cada una de las cuales revelará la aparición y utilización de conductas nuevas. Su progreso depende de la interacción de cuatro aspectos fundamentales: la maduración biológica, la estimulación ambiental, la conducta activa del niño y la experiencia emocional.

 

De 0 a 1 mes

Durante el primer mes de vida, el bebé ocupa la mayor parte de su tiempo durmiendo. Se encuentra entregado a la tarea de adaptarse a la vida extrauterina intentando mantener el equilibrio de su cuerpo que tan a menudo pierde a través del llanto, del hambre, del sueño, del malestar. Depende para ello, en absoluto, de su madre. Durante estas primeras semanas no se puede considerar aún que el niño juegue, más bien, el bebé «es jugado» por otros. Los papás comienzan a advertir que hay determinados juegos que estimulan a su hijo pues son acordes a sus logros evolutivos.

De 2 a 4 meses

A partir del segundo mes de vida y hasta el año y medio, el niño comenzará a desarrollar un juego que puede llamarse «juego funcional» o «juego de ejercicio» y que tiene por finalidad la repetición de determinada acción «una y otra vez» por el placer que se desprende de la acción misma y también por el placer que le otorga al niño el poder que ha logrado sobre una adquisición.

De 4 a 8 meses

Los progresos en el desarrollo han sido notables. El bebé comenzará a redescubrir el mundo ya que logra erguirse en sus miembros superiores, girar alternadamente su cabeza hacia ambos costados y rolar con su cuerpo en el espacio. Hacia el quinto mes aprenderá a tomar los objetos voluntariamente con sus manos y en el sexto mes habrá adquirido la posibilidad de permanecer sentado sin ayuda. El autoconocimiento de su cuerpo se amplía significativamente ya que puede llevarse a la boca no sólo las manos sino también los pies. Jugará, a agitar, golpear, frotar, arrojar sus juguetes. Hará sonar una y otra vez un sonajero. Es en esta etapa cuando comienza a producirse una «suave diferenciación» de su mamá.

De 8 a 12 meses

Esta etapa marca una notable diferencia respecto del grado de expansión y mayor autonomía que logra el niño para la conquista del mundo. El bebé comenzará gateando, luego podrá mantenerse parado y finalmente alcanzará el logro más importante del primer año de vida: caminar. Esto hará que logre la diferenciación corporal de su mamá y podrá advertir con facilidad a los conocidos de los que no lo son.

En esta etapa el niño perfecciona todos los logros de las etapas anteriores. Conseguirá, también, tomar objetos pequeños con el índice y el pulgar. Jugará repitiendo todo aquello que le resulte interesante.

De 12 a 18 meses

El niño se muestra como un explorador sumamente activo en su entorno y con una gran necesidad de investigación de sus habilidades y también de todo lo que lo rodea. Si tuviéramos que definir la conducta del niño en esta etapa diríamos que se comporta como un «pequeño científico». El interés por su cuerpo continúa acrecentándose para recaer en todos los orificios corporales. Es cuando el niño queda atrapado observando y experimentando con las rejillas, los caños, las cerraduras. Su inquietud por saber qué hay dentro de su cuerpo y, en consecuencia, dentro de los objetos, hacen que sea muy destructivo y rompa sus juguetes por el sólo hecho de «ver».

De 18 a 24 meses

El niño ha aprendido a subir y bajar escaleras, caminar para atrás, manipular con destreza objetos pequeños, hacer torres, abotonar y desabotonar… En esta etapa los papás juegan con su hijo a lanzar, atrapar una pelota, ofrecerle prendas con botones o lápiz y papel para dibujar. La curiosidad infantil sobre el cuerpo se acentúa. Los juegos con arena, arcilla, tierra, son sus preferidos pues representan sus productos corporales. Es en este momento cuando el niño comienza a desarrollar el juego de trasvasar. Su juego tiene un enorme sentido: el niño se prepara para poder ofrecer a voluntad lo que sale de su cuerpo. Será el momento en que está disponiéndose para el control de esfínteres.

De 3 a 5 años

El niño multiplica y potencia sus posibilidades motoras, cognitivas, lingüísticas, sociales y juega con todas ellas. El control progresivo del equilibrio y el dominio de los movimientos de su cuerpo, hacen que el niño disfrute corriendo, saltando, trepando, arrastrándose, girando, bailando… Se divierte enormemente con canciones, rimas, poesías, trabalenguas, adivinanzas… Las letras y los números comienzan a interesarlo.

Podríamos considerar a esta etapa como la del apogeo del «juego simbólico».

El progreso del juego simbólico en esta etapa se da a partir de la paulatina descentración del niño. Hacia los 5 años comenzará a tener en cuenta el rol que asumen sus pares para asumir el suyo: el niño comienza a representar su papel pero teniendo en cuenta el de los demás. De ser así, el juego del niño desemboca en un gran logro: organizar un juego compartido en relación a una regla común. Será entonces, posible el diálogo y lo que es aún más importante: comenzar a jugar en un mundo de diferencias.

7 años en adelante

El juego infantil que había incorporado las «reglas» hacia el final de la etapa anterior, hace que el niño comience a interesarse por un juego que se llama «juego de reglas» o «juego social». El juego de reglas cobra ímpetu debido a la construcción que el niño hace en esta etapa respecto de lo «prohibido y lo permitido». Aparece el interés por los deportes, ya que éstos dan a los niños dos posibilidades: organizar un juego en relación a un conjunto de normas socialmente consensuadas y al mismo tiempo, poner a prueba la fuerza y la habilidad corporal que tienen en este período y que vuelve a ocupar un lugar de interés para los niños. Los padres pueden estimular a sus hijos para su participación en alguna actividad deportiva siempre y cuando el niño también lo desee. Sin duda, la preocupación por la fuerza corporal en este período conlleva un sentido sexual, pues hacia el final de esta etapa los niños comenzarán a atravesar la pubertad.

Pubertad

La pubertad y la adolescencia inauguran una nueva e importantísima fase en el desarrollo. Si en el comienzo de su vida el niño pasó del juego con el cuerpo al juego con los objetos, ahora irá abandonando estos objetos para orientarse nuevamente y de un modo definitivo hacia su cuerpo y el de su pareja. Vemos adolescentes que guardan algunos juguetes que no los utilizan para jugar. A partir de los diez u once años la niña y el varón buscan agruparse. Los varones se rodean de varones y las niñas de niñas, porque necesitan conocerse y aprender las funciones de cada sexo… Abandonan paulatinamente el mundo de los juguetes pues serán sustituidos por las experiencias amorosas.

El adolescente no sólo se despide de los juguetes, sino que también se desprende para siempre de su cuerpo de niño. Su condición de adulto es el resultado de sucesivas pérdidas y nuevas conquistas que lo preparan para una nueva experiencia: «la de anhelar y recibir un hijo»…

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